5 de agosto de 2016

No lo tengo claro



Me pregunto qué es más irracional: ir cubierta con un velo que cubre tu cuerpo y tu rostro, y que sólo deja ver tu ojos; o ir enseñando el sujetador y las lorzas del culo, como acostumbran algunas europeas con las nuevas modas transparentes y de shorts.

Y, la verdad, no lo tengo claro.

3 de agosto de 2016

Qué tonto



No cantaba muy bien. Arias y baladas, supongo. Su hermana -¿sesenta años?- leía a su lado el último libro de Harry Potter, sentada en una vieja sillita plegable. Ella estaba de pie, y acompañaba su canto con leves movimientos de las manos. Delante de ella, un plato de metal con algunas monedas sueltas.

El metro de Londres es un sitio ruidoso, con lo que su canción se mezclaba con el sonido de pasos, el traqueteo de las ruedas de maletas y carritos, y las distorsionadas advertencias a los viajeros a través de altavoces medio averiados.

Cada viajero -miles por hora- podía oirla diez o quince segundos, el tiempo que se tardaba en recorrer los pocos metros de pasillo en el que estaba, tras un recodo y antes de tramo de escaleras. La mayoría ni siquiera le conedía una mirada, tan embebidos iban con sus cosas. Los pocos que la miraban, advertían al instante que era ciega. Nadie detenía un poco sus pasos, ni interrumpía su conversación.

La segunda vez que pasé, le di a su hermana un billete de cinco libras. Algo debió de notar, porque paró de cantar, y dijo "Thank you, sir". Y retomó su canción.

Me pregunto si en lugar de darle dinero, no hubiera sido mejor sentarme un rato a escucharla, e incluso aplaudir un poco entre canción y canción. Creo que sí. Pero tenía algo de prisa. No me interesaban mucho sus canciones. Pensé que con darle algo de dinero era suficiente. Qué tonto.

23 de julio de 2016

Cita de Solzhenitsyn

Releyendo un discurso de Solzhenitsyn en Harvard rescato esta cita.

After the suffering of many years of violence and oppression, the human soul longs for things higher, warmer, and purer than those offered by today's mass living habits, introduced by the revolting invasion of publicity, by TV stupor, and by intolerable music.

El tío dice que la URSS era un infierno, pero que no elegiría EEUU como referente para mejorar su país.
También dice que nuestro consumismo produce personas aburridas y débiles, y que el sufrimiento experimentado en los países comunistas permite el desarrollo de gente con una mayor fuerza espiritual.
El discurso completo puede leerse aquí: http://www.americanrhetoric.com/speeches/alexandersolzhenitsynharvard.htm


7 de julio de 2016

Adoquines



(El otro día me volvió a suceder. Cuando me hube recuperado, volví a sentir ese impulso, ese pálpito, esa energía que me hace irresistible volver por aquí. Y contarlo.)

Era una tarde horrible. Llovía. Llegaba tarde a la estación de tren. No iba especialmente preocupado ni hundido. Las cosas no iban del todo bien, es cierto. Pero todavía tenía el control emocional de la situación. Y entonces ocurrió.

Pisé un adoquín suelto, mi zapato se llenó de agua, y me empapé el calcetín.

Este contratiempo es todo un clásico. Frente a otro tipo de putadas que a uno le pueden pasar en la calle, ésta tiene perfiles muy propios. Chocarse contra una farola, resbalarse, caerse de la bici, o incluso que a uno le cague una paloma... son cosas bien distintas. Estos incidentes, como tantos otros, tienen en común que suelen trascender a terceros. Ello nos genera un componente de verguenza no pequeño, que ojo, no necesariamente es negativo. La verguenza nos distrae del dolor. (He visto a gente alejarse del lugar de su accidente de bicicleta sonriendo, como si no pasara nada, cuando a lo mejor tiene el hombro dislocado, un diente partido y se ha roto los vaqueros nuevos.) La publicidad del revés nos humilla, pero también nos da fuerza para sobreponernos. Además, uno puede maldecir luego secretamente a la farola, la bicicleta, o el ave incontinente.

Sin embargo, pisar un adoquín suelto y mojarse el zapato es una desgracia exclusivamente personal, íntima, privada. No suele ser percibida por terceros, de modo que la desazón no se libera, y nos roe la moral durante unos minutos. Tampoco tiene gran magnitud, lo que imposibilita el volverse a casa y meterse en la cama, o incluso contarlo a un amigo buscando consuelo. Además, el disgusto que sentimos ante la desgracia suele ser desproporcionado, lo que nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad emocional.

Aunque nunca compensa del todo la zozobra precedente, lo cierto es que quitarse luego el zapato con disimulo, tocarse con los dedos el calcetín mojado, y darse ligeros masages entre los dedos de los pies, pues oye, también es un pequeño placer.

12 de mayo de 2016

De sorpresa en sorpresa




Que Pedro Sánchez es bastante inepto no sorprende ya a nadie. Sin embargo, escuchar algunas de sus afirmaciones todavía sigue causándome pasmo. Esta semana decía en el telediario: "Iglesias tiene un único enemigo, que es Rajoy; Rajoy tiene un enemigo, que es Pablo Iglesias. Y nosotros tenemos un enemigo: el paro, la corrupción, la desigualdad". Pues vaya. Ahora entiendo sus problemas a la hora de contar diputados. Y me estremezco al pensar que este caballero pueda llegar a ser el máximo responsable de la economía o la educación en España.

Con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes, se suceden las noticias, los homenajes y los eventos. Hace unos días TVE se descolgaba con un mini-reportaje -ambientado en las calles de una ciudad del norte de África-, en la que señalaba que Cervantes no era xenófobo ni anti musulmán, sino más bien una persona tolerante y adelantada a su tiempo (aquí está el enlace). Y es así, por supuesto. Cervantes se quedó manco porque le mordió un perro; y estuvo cinco años en Argel haciendo interrail. Claro que sí.

Otra cosa que tenía en el tintero. El otro día celebramos en Valencia la fiesta de la Virgen de los Desamparados. La devoción tiene su origen en una fundación cristiana promovida por Juan Gilberto Jofré para cuidar a los locos y otros desamparados -huérfanos, viudas, prostitutas, etc. Finales del siglo XIV. Al recordar su historia, pensé en Rousseau, paladín de la Ilustración, que abandonó a sus hijos recién nacidos, uno detrás de otro, hasta cinco según parece. Siglo XVIII. Rousseau, un prohombre del progreso, un humanista ilustrado. Los cristianos medievales, tarados oscurantistas y retrógrados.

2 de marzo de 2016

El último reducto


Nuestra sociedad ha encontrado un lugar para los inadaptados sociales. Un último reducto donde se muestran en su hábitat natural, desinhibidos y con un punto de orgullo. Se trata de la última sección de los telediarios. Tras los deportes. Observa atentamente, y verás desfilar a todo tipo de personas, personajes y personajillos difícilmente clasificables. Todos de lo más variopinto, con gafas curiosas, chalecos brillantes, pelos de colores y acentos de voz únicos.

Gente friki. Gente alternativa. Gente de lo más pecular. Gente realmente interesante.

14 de diciembre de 2015

Textos legales y Hello Kitty


 El otro día, en unas jornadas sobre menores e Internet, una magistrada se mostraba del todo satisfecha por la nueva redacción del artículo 5 de la Ley Orgánica 1/1996, en la que había participado personalmente y que copio al final del post. A mi la redacción me deprime enormemente. Mientras las leyes se colorean con descripciones bucólicas y pastoriles, que parecen redactadas por la mismísima Hello Kitty, los menores ven pornografía y basura a mansalva. Pero la ley queda estupenda.


No sé cuánto tardará toda esta farsa en desplomarse. El rey va desnudo.

Este es el artículo del que la magistrada se siente orgullosa: "1. Los menores tienen derecho a buscar, recibir y utilizar la información adecuada a su desarrollo. Se prestará especial atención a la alfabetización digital y mediática, de forma adaptada a cada etapa evolutiva, que permita a los menores actuar en línea con seguridad y responsabilidad y, en particular, identificar situaciones de riesgo derivadas de la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación así como las herramientas y estrategias para afrontar dichos riesgos y protegerse de ellos."

Digamos BASTA YA a las omnipresentes políticas de cookies



La proliferación de los avisos legales sobre el uso de Cookies cobra la dimensión de una plaga bíblica. Estoy harto de aceptar una y otra vez. ¿Soy el único? ¿Alguien conoce a alguien que rechace estas políticas? ¿A alguien que las lea? ¿Por qué la AEPD nos amarga pertinazmente la navegación? ¿No bastaría con entender que quien navega acepta tácitamente las cookies? ¿O con darle a ACEPTO una sola vez?

Propongo la creación de una nueva opción: Joder, acepto.

27 de noviembre de 2015

No pudo ser



Suena el teléfono.
- Oye, soy yo.
- Dime.
- ¿Con 50 euros bastará?
Segundos de silencio incómodo. Dame más pistas...
- Perdona, no sé quién eres.
(Responder la pregunta, aun cuando el tema estaba al 50%, era demasiado arriesgado).

23 de octubre de 2015

Cambio de hora y otras cosas


Llevo unas semanas con ganas de escribir, pero la verdad, no encuentro momento. Aunque sea de modo esquemático, querría dejar hoy por escrito tres cuestiones.

Cambio de hora
No me explico quién fue el figura que decidió que el cambio de hora en invierno lo hiciéramos un sábado de 3 a 4 de la mañana, en lugar de un lunes a las 12 del mediodía. Quizá podríamos darle una vuelta a esta cuestión.

Desabrocharse un botón
Qué momentazo durante una comida generosa, cuando mediado el segundo plato, uno disimuladamente se abre el botón del pantalón. Se da posteriormente un traguito al vaso de vino, y a seguir. Sólo puede hacerse -siempre disimuladamente-, cuando hay un poco de confianza.

La L en los coches
Llevar la L en la luna trasera de un coche es un estigma, un sambenito (bonita m antes de b en esta palabra). En lugar de suscitar comprensión y paciencia en el resto de conductores, la L saca lo peor de cada uno. Un invento de consecuencias imprevistas para el cándido norteeuropeo que lo alumbró. Aunque también todo depende de cómo se lo tome uno. A los pocos días de sacarse el carnet de conducir, a una hermana mía se le caló el coche en un semáforo. Ante los pitidos frenéticos de los conductores retenidos, que el cartel con la L no consiguió en modo alguno mitigar, mi hermana comentó tan pancha: "Pitad lo que queráis, cabrones. El carnet ya no me lo quita nadie". Pero claro, pocos conductores noveles tienen esa pachorra.